Todo lo
que un día había sido tierra, civilizaciones y hogares, ahora estaba recubierto
por enormes masas de agua. La vida se había agarrado a su esencia, como quien
no quería abandonarlo todo al tener conocimiento de lo que iba a ocurrir. Y sí,
ocurrió: en el día más soleado del verano, y todo tuvo que atenderse a las
consecuencias del mal tiempo.
Fue como
si los rayos de sol hubieran decidido descongelar de golpe el ártico, con un
cúmulo de energía; entonces el océano descendió de sus profundidades para
llegar hasta lugares inhóspitos, para él. Todas las ciudades pasaron a tener
mar, justo encima, y desde la superficie los edificios, que un día habían sido
rascacielos, ya no parecían tan altos. Ahora estos no suponían nada más lejos
que grandes cuevas para la vida marina; y ahí, entre animales acuáticos,
habitaba la existencia. Y nunca unos corazones tan pequeños, cada uno de ellos con
solo una aurícula y un ventrículo, habían latido tanto. Y tan fuerte.
En la
distancia, un pequeño barco blanco de vela. Y yo, en él. De pie, con las manos
extendidas, intentando aturar el viento o simplemente superándolo para navegar.
Hacia la nada, lugar del cual provenía toda felicidad existente. Lugar donde
perderse significaba, al mismo tiempo, hallarse. Y si no fuera porque hacía décadas
que habían dejado de existir las almas, en tal sitio como ese, no habrían desaparecido
los gritos. Los murmullos, los susurros, las voces demasiado bajas pero
suficientemente altas como para ser escuchadas. Y ahora los pensamientos gobernaban
cada parte del planeta azul, igual como al cerebro al que estaba ancorado mi
cuerpo. Porque si nadie interceptaba mis mensajes, ¿quién podía asegurarme de
que estaba realmente hablando?
Y al
mirar hacia abajo solo pude pensar en la magia que desprendía la situación, la
cual tenía una composición de la materia tan o más auténtica que las figuras
paseriformes volátiles, compleja pero vivaz. Como si pudiera crear vida al
juntar letras sin forma propia, colores casi translúcidos y momentos aún por
vivir. Mis ojos imaginaban, hasta si los cerraba fuerte podía ver a los
tiburones nadar, mientras mi cerebro suponía que, igual como seguía con vida en
un planeta donde coexistían los pulmones y las branquias como signo de
evolución, la realidad podía ser objetiva. Objetiva, sí, pero no por eso menos
imparcial y verídica.
Y
adentrándome en la profundidad oceánica pude convertirme en mis propios sueños.
Como un pez, abrí la boca y respiré por las prolongaciones de mi propia piel.
Como un delfín salté, entrando y saliendo del agua, todo arqueándome. Y,
asegurando el hecho de que seguía siendo humana, defendí mis miedos como si mi
conducta fuera la de un pulpo.
Hasta hay
quienes aseguran haber visto mi alma volar. Alto, como si creyese ser avión.
Robusto, ligero, flexible. Tan solo era un pobre pájaro; pero, eso sí: con
alas.
Este es el texto que escribí para la Antología Cuatro Islas,
Qué bonito verte aquí de nuevo, y qué bonito leerte de nuevo en aquella Antología que se nos antojó locura pero que se hizo realidad. ¡Y qué realidad más bonita la de las Islas!
ReplyDeleteMenos mal que te tenemos otra vez por aquí, se te echaba tanto de menos que hasta dolía.
abrazos fuertes,
besitos en la nariz.
♥
Ay, prometo traeros más cosas y más actuales cuando no esté con exámenes. Promesa. Y qué bonito es tener a personas como tú por aquí que hacen que dos años sin estar parezcan dos días. <3
Delete¿Cómo he podido tardar tanto? ¿Cómo has podido tú?
ReplyDeleteLeerte es transportarnos allá donde quieras llevarnos con tus palabras, tienes ese don.
Vuelve, vuelve siempre, Viv. Te echamos de menos.
Un abrazo
de los de la entrada anterior,
S.
Siempre he pensado que cada cosa se tenía que hacer en su tiempo, así pues aunque haya tardado en volver (creo que no me leías en 2013-2014 pero) supongo que lo he hecho cuando de verdad lo necesitaba.
DeleteGracias por tus palabras, Sab <3
"Y adentrándome en la profundidad oceánica pude convertirme en mis propios sueños"
ReplyDeleteLo leí hace un tiempo y me quedé tan cautivada como ahora. Nunca dejes de escribir, nunca.
Encantadísima estoy de poder quedarme en tu nuevo hogar, ya lo sabes ❤
(abrazo fuerrrte)
Y tú nunca dejes de abrazarme a distancia con tus palabras bonitas. Un placer tenerte por aquí, ya lo sabes <3
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