Mátalo, al miedo o al diablo
Brujas. Eso es lo que sois, lo que siempre habéis sido. Culpables, de que la tierra no gire al revés y de que el sol se esconda solo una vez al día. Brujas, cada una de ellas. Todas. Cuatro rostros tapados por la oscura noche, y por capuchas negras, rodeaban la hoguera que dejaba en el cielo marcas de humo. Se agarraban las manos dulcemente –o, al menos, de la manera más dulce que puede parecerte a ti, lector y mundano- y, lentamente, danzaban para la luz de la luna, que las iluminaba también. El quinto, y el sexto, aparecieron justo cuando el reloj habría marcado la media noche, pero justamente no lo hizo porque el tiempo había decidido detenerse. Sin explicaciones, sin leyes físicas a seguir. El planeta había dejado de rotar, y quizás sus satélites también. Todo parecía como si el caos estuviera entrando en nuestras casas, sin llamar antes al timbre. Una de las mujeres se colocó en medio del círculo, ignorando el fuego casi extinto e introduciéndose en él, dejando ver a...