Hace bastante tiempo que quería escribir esta entrada. Es más, desde que empecé siéndolo, ya tenía pájaros por la cabeza cantándome que, en un momento u otro, debía hacerlo. O igual eran personajes. Venía a contaros que, justamente hoy, llevo cinco meses siendo vegetariana, y sigo considerando que es la mejor decisión que he tomado en todo lo que llevo de año. Sí, quizás a algunos os parecerá una exageración; pero creedme cuando os digo que así lo vivo, así lo siento y así, a menos que no cambien las cosas, seguirá siendo.

Lo que vengo a explicar es, por supuesto, mi experiencia. Delante de todo, me gustaría dejar claro que no vengo a decir qué es mejor ni qué es peor; no vengo a haceros reflexionar sobre un cambio. Vengo a contaros qué es mejor para mí y cómo ha sido este.

Aunque haga cinco meses que empecé siendo vegetariana, se puede decir que llevaba más replanteándomelo. Informándome, hablando con personas que fueron lo que debería ser una familia. Estuve un mes, justamente uno de los más exhaustos de este año, mordiéndome la lengua; porque, lo que no quería, era empezar de un día para el otro (como quien decide comprar un vuelo hoy para irse mañana, sin mirar dónde se dirige).

Dejar de comer carne no fue lo más difícil para mí; es más, y aunque suena feo, llegó un punto que ya me daba aversión. Me refiero: la idea de pensar que yo tenía que comerme algo, cuando ya me había hecho una idea sobre todo lo que llevaba detrás, me ponía enferma. Me hacía odiar un poco a mí misma y no podía continuar mintiéndome.
Lo difícil fue mi familia. Es verdad que tenía mucho apoyo de gente, de aquí y de ahí, de la universidad o del hogar, pero pasé mucho tiempo sin que nadie de mi casa aceptara que realmente era lo que quería hacer no fue lo mejor de esta historia. Llegar y que te digan: ¿Quién te ha comido la cabeza?, como si no tuviera una mente para hacerme mis propias ideas, ¿te has hecho una prueba psicológica para ver si tienes algún problema con comer carne? o te vas a poner enferma y verás, ¿y la confianza, dónde? ¿A finales de julio ya comerás carne,, o aún no? Como si fuera una faseY entre otras mil cosas que ni quiero recordar, junto todos los variados comentarios que os podáis imaginar. De todos colores, de todas formas. De los que duelen, aunque no quieran.

Aún así, no era razón para no seguir adelante. Pues, y aunque sea típico, si no lo hacía yo, ¿quién lo haría para mí? Y como he dicho al principio, no solo me sentía mejor por lo que hacía, sino que empecé a sentirme mejor conmigo misma. Como quien se mima, fue una de las decisiones que tomaría mil veces más si fuera necesario. Sí, recomiendo informarse, ver la verdad que hay detrás de todas las cosas (como buena Ravenclaw), crear vuestra propia opinión, llegar a vuestras propias conclusiones. Y haced lo que haga falta.

Como dije el otro día por twitter, como persona mutante, mi objetivo en esta vida es llegar a ser la mejor persona que quiero ser (y si en el camino consigo esa paz que necesito, mejor). No era la misma hace medio año, eso puedo asegurarlo. Tampoco lo seré dentro de medio más, ni tampoco quiero.


Para acabar, decir que si alguien lo necesita, puede hablar conmigo sobre el tema por mensaje directo en twitter o dónde sea. Para una mano, un hombro, o lo que necesitéis.
Gracias por estar aquí y leer.

Comments

  1. Creo que mucha gente no es verdaderamente consciente de lo duro que es hacer el cambio en una sociedad que te dice constantemente que debes comer carne. Yo que nunca he dado el paso solo puedo imaginarlo leyendo entradas como la tuya. Enhorabuena por haber llegado hasta aquí, Viv.

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  2. Con dieciséis años comencé a plantearme la idea de abandonar el consumo de carne, era horrible ir todas las semanas al supermercado y ver como despedazaban la carne que mi madre luego usaría para cocinar y convertir en relleno de empanada, para vender en la panadería. A día de hoy, con veintiocho años, todavía sigo comiendo carne. Hubo muchas épocas en las que solamente seguía la dieta vegetariana, principalmente. Hace un año abandoné la carne y los demás productos de procedencia animal durante unos meses y fue una experiencia genial, para mi mente y para mi salud, en verdad. Pero aquí sigo, de nuevo, con la dieta omnívora. Me siento mal a diario conmigo misma por no poder abandonar la carne. Espero volver al veganismo de nuevo, pronto. No dejo de pensar en los ingredientes de los alimentos que nos venden, de las ropas que vestimos, de la artificialidad de todo nuestro entorno y que, a mí, me dañan.
    Sigue siendo doloroso tener que cocinar en el trabajo, tener que trocear los cuerpos inertes de cerdos, chocos, atunes.
    Un abrazo, Bambi.

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