Una llamada de teléfono, que nadie cogerá.
Un mensaje en el buzón de voz.
Un silencio roto entre palabra y palabra.
Una melodía detrás, un piano silencioso.
Y la casa en modo vibración, pero nadie está.
En el fondo, las estrellas brillan a chispazos.
Curiosamente, como cada noche, ella se detiene a miralas.
No está en casa, no está fuera. Pero, ¿dónde está?
Te necesitamos, ahora, dice la voz que no podrá ser escuchada.
Y ese alguien, en el otro lado del planeta, seguirá dudando.
Hace dos meses que no se detiene, mira hacía arriba, respira y (os) escribe. Hace tiempo que, un solo pensamiento erróneo que dirige su vida hacia la deriva, es imperdonable. Hace algunos momentos, tanto largos como cortos, que no piensa en las historias que había guardado entre la luz del atardecer y el del amanecer. Hace, si lo calculamos en la unidad de la velocidad de la luz, una eternidad.
Pero, a la misma vez, nunca ha dejado el lápiz. Porque sabe que si garabatea y dibuja, en un lado del papel blanco o entre sus apuntes, no hace falta crear una obra de arte para sentirse ella. Para demostrarse que no solo es lo que pone en su horario; que, a la misma vez, detenerse, respirar y sentir está bien.
Y posiblemente, si esa noche vuelve a su casa, se encontrará una libreta abierta por la mitad. Si pasa las hojas en blanco, si se detiene a leer cada palabra o a interpretar cada línea, podría encontrar quien estaba buscando. En silencio: entre las páginas, entre las hojas, entre el latido de un lince y el batir de alas de un paseriforme.
Echaba de menos leerte, Viv, de verdad. Me gusta mucho porque te metes dentro, nos haces bucear bajo lo que ves.
ReplyDeleteMe han dado ganas de abrazarte, de abrazarme ♥
abrazos fuertes.
Entre el silencio y las páginas en blanco, donde la vida se esconde algunas veces... Y otras también.
ReplyDeleteSaludos,
J.
Pasar las noches viendo las estrellas y los días soñando con volver a verlas. Buscamos en el cielo las respuestas y nos olvidamos de mirar dentro de nosotras y observar nuestras propias estrellas, que brillan incesantes, en nuestra mente.
ReplyDeleteUn abrazo, Bambi.