«The long memory is the most radical idea in the country. It is the loss of that long memory which deprives our people of that connective flow of thoughts and events that clarifies our vision, not of where we’re going but where we want to go».
- Utah Phillips
Hace tiempo (igual bastante, como una eternidad, quizás ya no os acordáis) pregunté si os gustaría que escribiera sobre ciencia, especialmente sobre biología, en el blog. Y aquí estoy, para hablaros sobre la memoria, ya que en la encuesta salió un resultado positivo. ¿Por qué no?
Una vez creamos la memoria, aunque esta sea breve, debemos almacenarla; se dice que hay tres manera de hacerlo: pasando primero por una etapa sensorial, con la percepción, luego por una memoria a corto plazo y, para acabar, aunque no para todos los recuerdos, la de largo plazo (recuerdos que tengan un tiempo mayor a seis meses). Así, podríamos decir que nuestro cerebro actúa como un filtro, pues no debemos ni podemos inundarnos con toda la información que revemos diariamente.
Mantenemos todo el conjunto en la memoria de corto plazo, la cual tiene una capacidad limitada. Y, si es importante, se va a transferir gradualmente para ser retenida, en cantidades ilimitadas pero indefinidamente. Así, se deben reforzar y consolidar los vínculos neuronales cada cierto tiempo para no olvidarnos de lo que hemos recordado. Pero, al pasar de corto a largo plazo, puede modificarse (por drogas, alcohol, electrochoques, anticuerpos, y entre otras cosas) haciendo que las conexiones entre las neuronas no se consoliden y se rompa el engrama [el engrama es la memoria de un evento: el conjunto de las neuronas y sus conexiones que permiten que exista un recuero consolidado]. Siguiendo esta regla de tres, si lo eliminamos también olvidamos la memoria; o, si lo estimulamos (artificialmente o no), obtendremos el recuerdo.
En el caso de que queramos recuperar un recuerdo no podemos hacerlo de manera aislada: sino que lo hacemos en un contexto vital, vinculándolo con otros recuerdos que pueden involucrarse con nuestro engrama. Hasta puede alterarlo. Nunca recordamos la primera percepción, la original; modulamos los recuerdos para poder adaptarnos en un medio que, como nosotros, tampoco es estable y constante.
Aunque claro, tenemos que tener en cuenta que la memoria está afectada por la edad, las situaciones, el estado emocional... y hasta se pueden implantar falsas memorias.
¿Y, sabéis? Las sepias (orden Sepiida) tienen la capacidad de recordar los lugares donde han comido.
La próxima vez que os vaya mal un examen podéis hacer como yo: culpar a vuestra memoria a corto plazo. Lo sé, realmente no soy un ejemplo a seguir.
Esto es súper chachi. Desde lo de los engramas hasta lo de las sepias. Me das ganas de aprender mucho más sobre el cerebro y su funcionamiento, y eso que yo soy de letras puras, ya lo sabes.
ReplyDeleteUn abrazo ♥
Me hace muchísima ilusión que os haya gustado de verdad, jo :__
DeleteMira, me muero, este blog me da ganas de ponerme a estudiar ciencias y eso me gusta mucho. Por Dios, mas posts así <3
ReplyDeleteGracias, Vera. Los habrá, los habrá <3
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